Monday, April 26, 2010

“Das Konzert” en DVD

Sony ha publicado en Alemania un DVD con el histórico concierto que la Orquesta Filarmónica de Berlín ofreció el 12 de noviembre de 1989, tres días después de la caída del Muro de Berlín, para que entrasen, gratis, los ciudadanos de Alemania del Este. Fue un concierto memorable, tanto por la inolvidable e histórica ocasión, como por la fabulosa altura artística alcanzada.

Este DVD no puede comprarse en nuestro país, pero es fácil adquirirlo por internet (el título es “Das Konzert. November 1989” y el nº de catálogo, 88697616789). Les aconsejaría que no se lo perdieran, pues volverlo a ver y escuchar (estuvo en vídeo y laser disc, además en LP y en CD) es una experiencia de veras inolvidable, tremendamente emocionante.

El concierto fue posible gracias en primer lugar a quienes tuvieron la feliz idea, pues pocas horas después de caer el Muro se invitaba ya por radio a todos los ciudadanos del Este a que acudieran; también a los responsables de la orquesta y a sus integrantes, y finalmente a las circunstancias que lo permitieron, pues Daniel Barenboim se hallaba en Berlín grabando con ellos para Erato, desde el día 3 de ese mes, la ópera Così fan tutte de Mozart. La grabación estaba previsto completarla ese mismo día 12, y así fue, logrando incluso ahorrar unas horas para poder ofrecer el concierto en esa fecha (y ensayarlo, se supone que casi sin tiempo).

Barenboim y la Filarmónica de Berlín dieron lo mejor de sí: el bonaerense tocó el Primer Concierto de Beethoven más maravilloso y genial de las cinco veces que lo ha grabado, el más fresco, espontáneo, improvisatorio y arriesgado que le hayamos escuchado: en el “Largo” nunca ha tocado fondo hasta tal punto, y en toda la obra nunca ha dado rienda suelta a su creatividad en tan alto grado. El éxito fue memorable, inacabables los aplausos. Tocó de propina el “Andante cantabile” de la Sonata K 330 de Mozart más emocionante que se le recuerde; varios espectadores lloraron de emoción.

La Séptima Sinfonía beethoveniana que ocupaba la segunda parte fue la versión más dionisíaca que se pueda imaginar: qué torbellino de fuerza, de pasión, de delirio, sin que se pierda en absoluto el control. El nivel de emoción alcanzado en el “Allegretto” no hay palabras que lo expresen, como el irresistible vendaval que fue el “finale”, en el que músicos y director acabaron chorreando sudor.

Los asistentes no estaban dispuestos a marcharse, los aplausos no cesaban... Barenboim y la orquesta se vieron obligados a tocar una propina, y fue, claro está, la obertura de la ópera que acababan de grabar ese mismo día. Que fue arrebatadora y, pásmense, apreciablemente diferente a la del disco Erato (que dura doce segundos más que la del concierto, y doce segundos no es poco en cuatro minutos y medio).

Es absurdo que la publicación de este prodigioso concierto se haya limitado al ámbito alemán, como si fuera de allí no pudiera gozarse de una velada musical tan irrepetible... Pero, en fin, las compañías de discos sabrán (o mejor dicho, no sabrán...).

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