Hace tres o cuatro meses vi en una tienda un CD de Sony con los 2 Tríos con piano de Mendelssohn por Ma, Ax y Perlman, pero no me atreví a comprarlo antes de que alguien de mi confianza me dijese si de verdad merecería la pena: ¡se les ve tan mayores en la foto de portada!... Al pianista y al volinista como dos casi abueletes, y al cellista no mucho más joven. “¡Cómo han envejecido!”, pensé. “¿Estarán aún en buena forma?”...
Bueno, pues me he hecho con el disco y, nada más ponerlo, me he dado cuenta de que no sólo están en perfecta forma, sino de que son tres intérpretes de tal categoría que redescubren las dos obras.
Emanuel Ax, que en realidad sólo tiene 61 años, está perfecto de dedos (en unas obras, sobre todo el Primero, op. 49) que le exigen mucho, y demuestra por enésima vez que, además de un gran pianista, es un magnífico músico de cámara. Esa es una cualidad que llama mucho la atención en este disco: la enorme compenetración y la capacidad de diálogo entre los tres amigos.
En cuanto a Itzhak Perlman, de 65 años, conserva su bellísimo sonido, su técnica es más que suficiente, la afinación es impoluta... y sigue siendo un enorme artista y un consumado camerista. (O sea, salvo estas últimas cualidades, lo contrario de lo que le pasó al pobre Isaac Stern en sus últimas grabaciones).
Y Yo-Yo Ma, que no es tan mayor (55 años), parece que ha perdido un ápice de su opulenta sonoridad –no estoy seguro–, pero sin duda nada de su extraordinaria musicalidad.
A la luz de estas bellísimas interpretaciones, no tengo más remedio que concluir que todas las que había escuchado anteriormente, incluyendo algunas tan extraordinarias como las del Primer Trío por Horszowski, Schneider y Casals o por Previn, Chung y Tortelier, eran, por comparación con éstas, bastante menos creativas y más deudoras del virtuosismo. El virtuosismo sigue estando, por descontado, en la que ahora se publica, pero es menos evidente y menos un fin en sí mismo, y la creatividad es ahora mucho mayor, y sobre todo el lado tan humano, cálido, lírico y entrañable tan característico de Mendelssohn aflora con mucha más extensión e intensidad.
En definitiva, un disco maravilloso que parece haber pasado sin pena gloria... ¡qué tiempos, en los que tan a menudo se ensalzan, sin embargo, otros que no valen un comino!
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