Concluida la grabación de los cuatro Conciertos para piano de Rachmaninov por Leif Ove Andsnes y Antonio Pappano en EMI, hay que constatar el relativo fracaso de este ciclo, con respecto a lo esperado. Los dos primeros Conciertos, con la Orquesta Filarmónica de Berlín, publicado en 1905, ya mostraban una deriva mayormente virtuosista. El segundo CD, de 2010 y ahora con la Sinfónica de Londres, continúa por parecidos derroteros, aunque el Cuarto Concierto sale en buena parte indemne de los reproches que le voy a hacer. El virtuosismo constituye sin duda una parte muy destacada de la escritura de estas obras, pero no la única ni la más importante. Andsnes, en posesión de un mecanismo fulgurante, que le permite tocar con precisión y nitidez incluso las frases más rápidas e intrincadas (aunque no posee la fuerza ni la potencia de un Ashkenazy o un Gavrilov: escúcheseles la cadenza del primer movimiento del Tercer Concierto), descuida en buena parte la cantabilidad y la expresividad de la parte pianística, que es esencial en el último de los grandes compositores románticos rusos. Si en aquello apenas puede nadie rivalizar con Andsnes, en esto último son no pocos los que le aventajan. Pero es Pappano, ese director que prácticamente nunca se equivoca en sus discos, quien más me ha defraudado, pues se deja llevar aquí también en exceso por la brillantez un tanto fatua y cae en tempi en general excesivamente veloces (el ciclo les dura casi diez minutos menos que a Ahskenazy/Sinfónica de Londres/Previn, Decca 1972, para mí aún la versión referencial). Pero tengo un reparo aún mayor para el director musical del Covent Garden: una dulzonería empalagosa, y como muestra principal de ella, aparte de sonoridades muchas veces excesivamente almibaradas, una gran profusión de portamentos, algunos exageradísimos y muchos otros fuera de lugar (sólo un ejemplo: en el primer movimiento del Segundo Concierto, minutos 9’36” a 9’45”). Y librar a Rachmaninov precisamente de esas prácticas caducas y facilonas me parece requisito, si no suficiente, sí imprescindible para situarlo entre los grandes compositores.
Tuesday, April 26, 2011
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