Saturday, November 26, 2011

El “imposible” Beethoven de Chailly

Cuando oí decir que en su grabación de las 9 Sinfonías de Beethoven Chailly restituía los verdaderos tempi pedidos por el compositor, me eché a temblar. No es la primera vez que alguien descubre esa verdad revelada y que, siguiéndola, mete la pata hasta el fondo. Creo que Riccardo Chailly ha cometido un error tremebundo, pues hay elementos para pensar que su ciclo beethoveniano podría haber sido apreciable (no creo, en absoluto, que hubiese llegado a ser grande). Pero no lo es.

Lo adelanto ya: me parece malo, a ratos casi deleznable. Y sobre todo por culpa de los tempi, unos tempi imposibles. Se carga todos y cada uno de los movimientos lentos. Y no sólo ellos; las velocidades son casi siempre insensatamente rápidas. Así es imposible estar a la altura de estas obras. Desconfío de que Beethoven desease esos tempi. Pero, de ser así, ¿por qué diantres hay que seguirlos hoy al pie de la letra, echando por tierra toda la gloriosa tradición de los últimas décadas, sobre todo desde Furtwängler hasta hoy? La sensibilidad actual ¿qué tendrá que ver con la de entonces?

He aquí otro destrozo más provocado por la manía fundamentalista del movimiento historicista de los instrumentos originales. Lo siento, no puedo dejar de verlo así (admito los avances que este movimiento ha traído, pero también ha traído unas ideas arrogantes con las que me es imposible comulgar).

Sin irse tan lejos, ¿por qué hay que imitar hoy la forma en que cantaba Mattia Battistini, en que tocaba Ignaz Paderewski, en que dirigía Richard Strauss, admiradísimos en su tiempo? Sin irnos hasta la época de Beethoven: a Rachmaninov, que era un pianista colosal (y algunas de cuyas interpretaciones de Chopin mantienen una vigencia sorprendente), le dura su grabación (1940) de su Tercer Concierto (con la Orquesta de Filadelfia y Ormandy) 13’54”+8’39”+11’25”. Un cuarto de siglo después, al mismo director con la misma orquesta, tocando Vladmir Ashkenazy (versión sensacional), les dura 18’36”+12’03”+15’39”, casi 13 minutos más. Nadie en los últimos 20 o 30 años se acerca a lo que hizo el propio compositor. ¿Por qué habríamos de acercarnos nosotros, hoy, a lo que supuestamente se hacía en la época de Beethoven? ¡Que alguien me lo explique! (Ya he hecho esta pregunta retórica más de una vez. Nadie me ha contestado. ¿Por qué será…?)

Otro ejemplo: en 1941 Strauss grabó su Vida de héroe: 39’30”. En el último cuarto de siglo, a ningún director sensato le dura menos de 45’ (47’ a Karajan, Barenboim, Thielemann y Haitink...)

Volviendo a Chailly, un director que me gustaba mucho pero que desde su desembarco en Leipzig me ha gustado muy poco en sus principales proyectos –Mendelssohn y Schumann–, confiesa cuáles son para su ciclo beethoveniano sus tres inspiraciones –el indigerible cóctel Toscanini/Karajan/Gardiner–, tres directores que no me parecen grandes en Beethoven (bueno, Karajan a veces) y entre los que sin duda faltan los verdaderamente grandísimos.

Comparemos algunas de sus duraciones con las de versiones de referencia: así (y no son los únicos) algunos movimientos lentos: 3ª: 12’11” (Klemperer 16’54”; Barenboim 18’04”); 4ª: 7’42” (Furtwängler 11’49”; Barenboim 10’51”); 5ª: 8’25” (Furtwängler EMI 11’21”; Solti 1988: 11’35”); 6ª: 10’46” (Böhm y Giulini 13’52”); 7ª: 7’50” (Furtwängler 10’17”; Klemperer 70: 10’41”; Sanderling 10’03”); 9ª: 12’51” (Barenboim 84: 18’50”; Solti 87: 19’59”). Creo que es suficiente.

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