Monday, January 23, 2012

La “Tercera” y la “Cuarta” de Bruckner por Barenboim en Ibermúsica


El 19 de enero Barenboim ha dirigido, al frente de la Staatskapelle Berlin, la Cuarta Sinfonía “Romántica” de Bruckner, y el 20, la Tercera. Ambos han sido conciertos de Ibermúsica, para homenajear, por el centenario de su nacimiento, a Sergiu Celibidache. Quien, como es bien sabido, fue uno de los más geniales intérpretes de Bruckner de los que hay memoria, si no el que más. Barenboim fue el único pianista que colaboró con Celibidache en los últimos años de la vida de éste, habiendo filmado juntos esas memorables interpretaciones de los Conciertos de Brahms, Schumann y Tchaikovsky. Las referidas y brucknerianas han sido dos grandes interpretaciones del mayor bruckneriano de nuestro tiempo, que, pese a todo, han dejado un cierto sabor agridulce.

El primer día ese sabor fue debido a la desafortunada intervención del primer trompa, Ignacio García, que tuvo una noche tremendamente insegura, con innumerables fallos en una parte famosa por su dificultad... y por su importancia. Creo que pudo llegar a afectar en algún momento a la concentración de Barenboim. En su filmación del año pasado en la Philharmonie de Berlín (donde hizo, con la misma orquesta, las seis últimas Sinfonías), otro trompa, cuyo nombre desconozco (y que no ha venido en esta visita) estuvo brillante y prácticamente impecable. Lástima lo de Madrid.

Por lo demás, la “Romántica”, que comenzó en un pianísimo imperceptible, gozó no sólo del estilo y el sonido genuinamente brucknerianos que Barenboim sabe obtener, sino sobre todo de un sentido unitario portentoso, con transiciones entre las secciones perfectamente motivadas e hilvanadas. Destacaría la inflamada sección de desarrollo del primer mov., un segundo particularmente extraordinario y un comienzo del cuarto en el que alcanzó una tensión tremenda hasta desembocar en el primer clímax. En la coda, el persistente dibujo de los segundos violines fue, para mi gusto, resaltado en exceso. Y nada de ampulosidad en momento alguno; sí grandeza y grandiosidad, desde luego, y sobre todo contemplación y respiración de la naturaleza, ardiente o sosegada. La Sinfonía duró unos 69 minutos. Aparte el trompa solista, el grupo de trompas sonó muy bien, como el resto de la orquesta, en la que destacaría toda la cuerda, con matrícula de honor para las violas (¡en el Andante!) y los cellos.

El mal sabor de boca de la Tercera, la llamada“Wagneriana”, provino sólo de la brevedad del concierto (en Barcelona, la misma fue precedida de un Concierto para piano de Mozart, creo que el 26), que duró unos 59’. (Supongo que fue responsable de ello la tan tardía hora del concierto, que comenzaba a las 22,30 h.) Porque la versión fue formidable, muy en línea de su grabación Teldec con la Filarmónica de Berlín, en la que yo resaltaría el turbulento y apocalíptico desarrollo del primer movimiento, del que me gustó menos la coda, algo precipitada y sin la suficiente contundencia. El 2º mov. empenzó un pelín rápido, para serenarse de inmediato. Y particularmente extraordinario fue el finale, con una coda imperiosa y que descargó toda la enorme tensión acumulada.

Para terminar, un detalle que me llamó la atención: en las notas al programa a la Cuarta, Arturo Reverter, después de deshacerse (con toda justicia y acierto) en elogios ante el Bruckner de Celibidache, escribió: “En esa veta místico-abstracta, conectada con la casi religiosa mirada de un Jochum o la espiritualidad de un van Beinum, sin alejarse en exceso de la monumentalidad de un Klemperer; en ese terreno ya tan complejo gusta de situarse Barenboim, que otorga además a sus exposiciones de [sic] una certera visión dramática que anima las estructuras y espolea el fraseo”. Y yo digo: aunque se ha dado cuenta con unos cuantos lustros de retraso, ¡bienvenida sea esta conversión, tras tantos años de denigrar o al menos menospreciar al Barenboim director!

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