Mientras espero impaciente las las 9 Sinfonías de Beethoven por Barenboim y la Orquesta del West-Eastern Divan, cuya edición anuncia Decca para mediados de junio (que yo escuché el pasado agosto en Colonia, donde fueron grabadas en directo), y que con el muy comercial título “Beethoven for All” creo que va a ser uno de los ciclos más formidables que existen en disco (habrá, en todo caso, que escucharlas con calma, sin la hiperemoción del momento), me he comprado por cuatro perras el ciclo que ha publicado Brilliant, el de Herbert Blomstedt con la Staatskapelle Dresden, grabado originalmente por Edel Classics GmbH entre 1975 y 1980.
Todo esto mientras continúo leyendo, a diestro y siniestro, ditirambos sobre el no hace mucho publicado ciclo, también por Decca, de Riccardo Chailly con la Gewandhaus de Leipzig, y que me sigue pareciendo flojísimo, incluso ocasionalmente horrendo. ¡No entiendo nada! (o tal vez sí entiendo...) (Por si alguien tiene sospechas infundadas, les recuerdo que Chailly es un director al que he admirado, y admiro, muchísimo en otros desempeños).
Bueno, el ciclo de Blomstedt puede merecer la pena, aunque tal vez me esperase más del gran intérprete de Grieg, Nielsen, Hindemith o Sibelius. Por lo pronto, las tomas de sonido son desiguales y suelen dejar a los violines en segundo plano. El del director sueco es un Beethoven sólido, serio, enraizado en la tradición centroeuropea, con hallazgos y aportaciones más de detalle que de concepción, por ejemplo texturas orquestales que suelen pasar inadvertidas o quedan muy en segundo plano y que él destaca y pasa a un plano más próximo.
La orquesta ha mejorado mucho desde entonces: la cuerda ya era extraordinaria, pero en el viento encuentro ciertas irregularidades: clarinete espléndido, fagot regular, trompas cantarinas con un vibrato que no me gusta. Bastante que ver con la desigual centuria con la que Kempe había grabado la Obra orquestal de Strauss, pero ¡nada que ver con el maravilloso conjunto con el que Colin Davis registró, pocos años después, las últimas Sinfonías de Mozart, y no digamos con las mucho más recientes 8 Sinfonías de Schubert!
He aquí las calificaciones que les he otorgado: un 7 a la Cuarta, la “Pastoral” y la Novena, un 7,5 a la “Heroica”, un 8 a la Primera, la Quinta y la Octava, un 8,5 a la Segunda y un 9 a la Séptima. Esta última es robusta, apasionada, exultante: una versión, sin duda, a conocer.
En la Novena, los Coros de la Radio de Leipzig y de la Ópera Estatal de Dresde tienen una actuación sobresaliente; el timbal y el bajo (un notable Theo Adam) suenan demasiado cerca; la soprano y la mezzo (Helena Döse, Marga Schiml) son sólo discretas, y el tenor (el tantas veces grande Peter Schreier) está sencillamente mal. Mal de voz (abierta) y poco acertado en la forma de decir su parte.
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