En 2003 Decca publicó un álbum de 4 CDs titulado “Solti. The first recordings as pianist and conductor 1947-1958” que desvelaba algunas de las primeras importantes interpretaciones del admirado maestro húngaro. Entre ellas destacaban, para mi gusto, la Suite de danzas y la Música para cuerda, percusión y celesta de Bartók grabadas en 1952 y 1955 con la London Philharmonic, así como una Suite de Háry János de Kodály con la Orquesta Estatal de Baviera de 1949. Pero la cajita también incluía algún horror: un Concierto para violín de Beethoven con el anticuadísimo Mischa Elman y la LPO, de 1955. Como pianista, me interesa mucho más su contribución que la de su partenaire Georg Kulenkampff en las 3 Sonatas de Brahms y en la “Kreutzer” de Beethoven.
Pero hete aquí que la propia Decca pone a disposición de los internautas otras grabaciones del primer Solti prácticamente desconocidas, varias de las cuales me las ha pasado un amigo, y que tienen quizá mejor nivel que las del referido álbum. Además de interesantes Mendelssohn (“Escocesa” e “Italiana” de 1952 y 1958), Mozart (Sinfonías 25 y 38 de 1954), de una espléndida Cuarta de Beethoven de 1950 (¡muy haydniana, por cierto!), y también de algún chasco (una bruta y atropellada Serenata de Tchaikovsky de 1958), aparecen tres Sinfonías de Haydn sen-sa-cio-na-les: una “Militar” de 1954, una 102 de 1951 y una “Redoble de timbal” de 1949, las tres con la London Philharmonic.
Ya sabía bien que Solti había llegado en su madurez a ser un maravilloso intérprete de Haydn (ahí están sus tres Creaciones, una de ellas en DVD, y sus Estaciones, además de uno de los dos mejores ciclos de Sinfonías de Londres que conozco; el otro es el de Colin Davis), pero ignoraba que muchos años antes, cuando se solía hacer un Haydn plúmbeo o a lo “papá” (Knappertsbusch, C. Krauss, Beecham o Horenstein, por ejemplo, entre otros), Solti se adelantara claramente a su época con un Haydn vigoroso, enérgico, vital, incluso electrizante y tremendamente optimista, aunque no desprovisto de meditación e incluso de melancolía. Así son estas tres de las últimas y más geniales Sinfonías haydnianas grabadas a finales de los 40 y principio de los 50. No suenan muy allá, pues son monoaurales y tienen algo de distorsión en los agudos, pero ¡qué interpretaciones! Me gustan tanto o más aún que las que recuerdo de Furtwängler, Bruno Walter o Barbirolli o de aquellos años. Algún tiempo después, recogiendo el testigo de Solti, irían llegando los Reiner, Szell, Van Beinum, Markevitch, Cluytens, Jochum, ¡Klemperer!, Dorati, Bernstein, Végh...
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