Deutsche Grammophon ha agrupado en una caja de 14 CDs todo el Mahler grabado para el sello amarillo por Pierre Boulez. Dado que se trata de una opción sumamente interesante y que su precio es ahora muy conveniente (unos 50 €), es una buena oportunidad para hacerse con la caja, que ocupa poco espacio (su lomo mide menos de 4 cm). Se trata de grabaciones recientes (de 1995 a 2012), todas ellas de alta o altísima calidad técnica.
En general, el Mahler de esta última etapa bouleciana es sobrio, contenido y mesurado, alejado de todo exceso (lo que es rara avis en unos tiempos de excesos de todo tipo con la música de Mahler): son las suyas interpretaciones objetivas, de una claridad excepcional y analizadas y explicadas por una mente musical privilegiada, que han contado siempre, en todos los casos, con cantantes de alto nivel y orquestas todas ellas magníficas.
Se han escuchado versiones más volcánicas y arrebatadas (Solti y, sobre todo, Tennstedt en su DVD de EMI, ambas con Chicago) de la Primera Sinfonía (Chicago Symphony, 1999) pero, aun así, estamos ante una interpretación ejemplar, difícilmente irrebatible. El disco se completa con el Totenfeier (Chicago, 1998), versión original del primer movimiento de la Segunda, que encuentro un tanto descomprometido.
Sensacional la “Resurrección” (Wiener Philharmoniker, 2006), si bien su versión en DVD/Blu-ray (EuroArts), del mismo año, me gusta aún un poco más. Extraordinarios no sólo la Orquesta, sino también el Wiener Singverein y las solistas: Christine Schäfer y Michelle De Young.
Puede que esta Tercera Sinfonía (Wiener Philharmoniker, Wiener Singverein, Niños Cantores de Viena, Anne Sofie von Otter), de 2002, sea mi favorita de cuantas conozco. (Sólo lamento, como anécdota, los tremendos portamentos del oboe en “O Mensch!”: ¿de dónde ha salido esta reciente moda? ¿Se ha revisado la partitura?: antes nadie lo hacía así...). El 2º CD se completa con la impresionante versión de Das klagende Lied (2012, sin Waldmärchen) con Dorothea Röschmann, Anna Larsson, Johan Botha, el Coro de la Ópera Estatal y la Filarmónica de Viena: la misma versión del DVD/Blu-ray C Major.
La Cuarta Sinfonía (Julianne Banse, ideal, y la Orquesta de Cleveland, 2000) vuelve a ser ejemplar. Creo que sólo Schwarzkopf/Klemperer, Te Kanawa/Solti y Battle/Maazel me gustan más aún. Parecidos parámetros siguen las impecables Quinta y Sexta (Filarmónica de Viena, 2000 y 1995), si bien comprendo que se puedan preferir interpretaciones más volcánicas o feroces.
La Séptima (Cleveland, 1996) es el gran pinchazo de la serie: no le encuentro justificación ni sentido (no me cansaré de decir que sólo Klemperer ha hecho justicia a esta extraña obra, en la que se han estrellado los más grandes, Solti y Bernstein incluidos). La Octava (Staatskapelle Berlin, 2007) es otro punto fortísimo de esta serie: se trata, sin duda, de una de las más grandes realizaciones y, tal vez, la mejor grabada. Los Coros son de muy alto nivel, y destacados la mayor parte de los solistas. Y la Novena (Chicago, 1998) es no sólo una de las mejor tocadas de la historia del disco, sino una versión de un rigor y veracidad desarmantes.
El duodécimo CD agrupa Des Knaben Wunderhorn (Magdalena Kozena, notable, y Christian Gerhaher, sobresaliente, con la soberbia Orquesta de Cleveland, 2010) y un modernísimo, esencial y antirromántico Adagio de la Décima procedentes del mismo concierto y editados juntos en DVD/Blu-ray por Accentus.
Modélicos igualmente los tres ciclos de lieder que, con la Filarmónica de Viena, grabó Boulez en 2004, con tres cantantes de primer orden: un acertadísimo Thomas Quasthoff en los Fahrenden Gesellen, una Violeta Urmana de hermosísima voz y depurado canto, pero de afinación levemente insegura (¡!) en algún momento de los 5 Rückert, y una conmovedora Von Otter en los Kindertotenlieder (en todo caso, ninguno de ellos puede hacer olvidar a Fischer-Dieskau en el primer ciclo y a Janet Baker en los dos restantes).
El álbum se cierra con una sobria, seca, klempereriana, admirable versión de La Canción de la Tierra (Michael Chance, Violeta Urmana, Filarmónica de Viena, 2001).
En resumen, este de Boulez me parece uno de los ciclos sinfónicos mahlerianos más recomendables, teniendo en cuenta que ni uno sólo de ellos es redondo de principio a fin: ni Haitink (algo periclitado: luego ha ido haciendo versiones aisladas muy superiores), ni Solti, ni Bernstein (D.G.; el de Sony está tan superado como el de Kubelik), Sinopoli o Chailly. Echo de menos la reedición por Sony del de Maazel (con la Filarmónica de Viena). Y, más aún, la edición en DVD/Blu-ray del de Christoph Eschenbach con la Orquesta de París, sólo visto hasta ahora por televisión. No sería descabellado pensar que, de estar comercializado, sería tal vez la opción más recomendable (o sea, por delante de Bernstein/DVD y del de la Concertgebouw en DVD y Blu-ray).
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