Tras la nefasta (y, por suerte, breve) etapa en que Radio Clásica fue dirigida por Fernando Palacios (que dio pie a que se le llamase “Radio Chorradas Palacios”), la actual que conduce la experimentadísima Ana Vega Toscano (cuyos programas suelen ser muy interesantes, es ella misma en extremo “radiofónica” y posee una clarísima y agradable dicción) tampoco me parece que vaya a aumentar la afición a la música clásica (y al jazz y a los folklores), que creo que debería ser el objetivo prioritario a lograr.
La actual programación de Radio Clásica no me parece particularmente mala (a decir verdad nunca me ha parecido muy buena), pero no hay duda de que se dedica a mantener una afición consolidada, y formada en una buena porción por aficionados “elitistas”, que se entregan a curiosidades y rarezas más que a disfrutar del gran repertorio.
Pero para conseguir que el abanico de oyentes se amplíe creo que hay que programar de manera bien distinta. De entrada, aumentando considerablemente la participación de la música más grande que existe y reduciendo en igual medida las músicas menores, que hoy sobreabundan. Hagan la prueba: sintonicen Radio Clásica al azar –por ejemplo, cuando se suban al coche, como hago yo– y se encontrarán con una gran mayoría de ocasiones en las que se emiten obras de segunda, tercera, cuarta o quinta clase; bastante más raro es encontrarse con obras de primera magnitud (de las que los conductores de los programas parecen haberse hartado: si es así, peor para ellos; pero los oyentes las demandan, y son base necesaria para su formación musical).
No digamos si se intenta buscar rastreando en la programación cuál fue la última vez que se emitió tal obra capital del ámbito camerístico, instrumental o vocal (la música orquestal y la ópera parece que están algo mejor atendidas): puede que haga meses y hasta años que no se da.
Ayer mismo (21 de septiembre) me topé hacia las diez de la mañana con un Cuarteto de de un tal Mittler bastante tostón; el conductor del programa aseguraba que los Cuartetos de ese compositor son “célebres”: mire usted, ¿no se ha dado cuenta de que “célebre” no hay siquiera un solo Cuarteto de Beethoven?
Otra anécdota: hace unos días, al conectar la radio en el coche me topé, cómo no, con una página irrelevante, un cuarteto o quinteto para clarinete de Crusell. Y dije para mis adentros: ¡vaya rollo! ¿Cuándo pondrán, por poner un ejemplo, una obra tan maravillosa como la Sinfonía de Franck? Me hizo una gracia tremenda comprobar que, tras la pieza de Crusell, salió la dichosa Sinfonía de Franck. Pero ¡mi gozo en un pozo! Me la amargaron con una versión flojísima, que no hace ni de lejos justicia a la música.
Y es que esto tampoco suelen tenerlo en cuenta quienes dirigen los programas: parece como si no fueran conscientes de la pedagogía que puede hacerse desde las ondas con grandes interpretaciones (y de la antipedagogía que se hace con versiones malas). En algunos casos, me temo que escogen la primera grabación que se topan, incluso la que mejor les viene por la duración (“a ver si encuentro una Cuarta de Mahler de 53 minutos”...)
En fin, que, con la actual orientación, dudo que Radio Clásica aumente en España la afición la música clásica. Eso sí, muchos aficionados que se creen la flor y nata se seguirán contemplando plácidamente el ombligo.
(texto recientemente publicado en el Forum de “Ritmo”)
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