Wednesday, November 24, 2010

Dos estupendos músicos poco conocidos: Antonio Meneses y Yan-Pascal Tortelier

El concierto de Ibermúsica en el Auditorio Nacional del 23 de noviembre ¡a las diez y media de la noche! (había, por ello, bastantes huecos) constituyó una sorpresa muy agradable. La Orquesta Sinfónica del Estado de Sao Paulo ha resultado ser un conjunto espléndido, disciplinado y brillante, que toca con gran entrega y competencia. ¡Qué nivel de orquestas hay actualmente! Nada que ver con el de hace tres o cuatro décadas.

Hacía tiempo que no sabía apenas nada del cellista brasileño Antonio Meneses, cuyos comienzos fueron tan brillantes (¡aquella grabación de Don Quijote de Strauss con Karajan!). Por eso pensaba que debía de estar en declive artístico o técnico. ¡Nada de eso! Con un sonidazo imponente por volumen y riqueza, tocó un admirable Concierto de Elgar. Aun así, es una obra tan especial, que no acabó de sonarles, ni a él ni a la batuta, del todo a británico, eso tan especial y tan difícil de explicar que lograba con toda naturalidad la Du Pré (intérprete suprema de esta bellísima obra, acaso la cima de todo Elgar), y también Lloyd Webber (en su grabación Philips dirigida por Menuhin) o incluso, hoy mismo, Alisa Weilerstein (en el DVD y Blu-Ray de EuroArts que acaba de salir dirigiendo Barenboim). O sea, la de Meneses y Tortelier hijo (su padre, Paul, el insigne cellista, tampoco acertó del todo en la grabación con Boult) fue irreprochable, pero un poco alejada del mundo elgariano.

Antes, para abrir boca, Tortelier había dirigido con plena corrección –y no más– el sublime preludio de Khovanchina de Mussorgsky.

Pero la segunda parte fue la pera limonera. Choros nº 6 de Villa-Lobos, una partitura de unos 25 minutos quizá nunca tocada en Madrid y de la que resulta muy difícil hallar una grabación (logré, no fácilmente, la de ASV, con la Filarmónica de Gran Canaria y Leaper), es una página excelente, cautivadora, soberbia y suntuosamente orquestada, que Tortelier hizo suya con una entrega, sintonía, convicción y capacidad de seducción arrolladoras. ¡Qué maravilla, qué gozada! Su espectacular mímica (sin batuta) resulta además muy adecuada y contribuye lo suyo a explicar la música. La orquesta bordó la nada fácil partitura.

Tortelier se lo puso a sí mismo muy difícil con la obra final del programa, nada menos que La Valse de Ravel. Pero el nivel de excelencia no disminuyó: una versión muy particular la suya, pero logrando que fuese de una lógica incontestable. Y de nuevo envolvió y sedujo por completo al público, a pesar de que eran más de las doce de la noche.

Ayer quedé convencido de que Tortelier no es desde ahora un apellido que debamos asociar sólo al del glorioso cellista Paul, sino también a un espléndido director, Yan Pascal, un director nato, que es un músico enormemente seductor y convincente. Mientras es casi ignorado por las compañías de discos, tenemos que sufrir a los omnipresentes en grabaciones Gergiev o Welser-Möst... ¡Qué cruz de mundo musical!

Y del mundo musical al mundillo musical: la derecha y la Orquesta del Diván

¡Y no digamos el del mundillo! La derecha más rancia vuelve a la carga contra la West-Eastern Divan Orchestra (¡alguno de estos derechones ni siquiera saben escribir bien su nombre!) tratando de disimular desesperadamente, y en vano, que odian a Barenboim –al que nunca han sabido elogiar– por motivos políticos, y que les molesta que el nombre de un proyecto acogido por una autonomía gobernada por la izquierda salga en numerosos CDs y DVDs distribuidos por todo el mundo. Y es sólo el principio, pues las 9 Sinfonías de Beethoven darán la vuelta al mundo en CDs y DVDs del sello Deutsche Grammophon, dirigidas por su mayor intérprete, el director-fundador de la Orquesta palestino-israelí-andaluza.

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