En esta grabación (Naïve, 4 CDs) no hay casi rastro de las extravagancias que han sido señas de identidad de Marc Minkowski, y no mucho de su característica frivolidad: parece que por fin, llegado a los cincuenta, está sentando la cabeza. Pero, claro está, de ahí a que se haya convertido en un gran director y un intérprete con ideas sólidas y dignas de consideración hay un gran trecho... Grabadas en público en marzo de 2012 en la Konzerthaus de Viena, con buen sonido, este ciclo realmente aporta muy poco a la discografía existente. Dado que, además, dista de hallarse entre los ciclos schubertianos mejor tocados, me parece una grabación de todo punto innecesaria. Los Músicos del Louvre Grenoble no se encuentran, en efecto, entre las orquestas de primera línea, ni mucho menos, y se aprecian no pocos desajustes e incluso algunas frases en las que ostensiblemente no tocan juntos (primer movimiento de la Primera y de la Segunda, 4º de la Tercera...) Los trombones flojean mucho en la Novena, cuya coda final es confusa, no se percibe bien todo lo escrito por Schubert. Además, el oboe entra en su solo del 2º movimiento de esta Sinfonía claramente desafinado frente a las cuerdas escuchadas desde el comienzo del episodio. Las sonoridades originales distan de ser fundamentalistas, están bastante atemperadas, lo que es de agradecer.
La concepción (de algún modo hay que llamarle) de Minkowski peca, en líneas generales, de banal. O sea, es una más de las innumerables vueltas atrás a que nos tienen acostumbrados los intérpretes de instrumentos originales, deshaciendo el camino laboriosamente labrado por los más grandes intérpretes de las últimas décadas, que, en el caso de Schubert, nos habían ido descubriendo, al fin, que Schubert no es un compositor superficial (lo que no significa, por supuesto, que siempre sea serio).
Repasando las Sinfonías, nos encontramos una Primera con un Allegro inicial efervescente, juguetón, por momentos casi coqueto, y con un Andante bien fraseado. La Segunda, una obra bastante superior, apenas lo parece, pues tiende a lo superficial, sobre todo en el Andante. Bastante más me ha gustado la Tercera, espontánea, optimista y hasta bulliciosa en el Presto vivace. La Cuarta “Trágica” se me antoja algo tímida en su expresión: no se emplea a fondo en ella, particularmente en el Allegro vivace inicial y en el Andante, donde pierde el pulso y la tensión se desvanece. El primer movimiento de la Quinta resulta en exceso leve y liviano, escapándosele ese tan especial tierno lirismo. Y demasiado rápido para mi gusto el Allegro vivace final. La introducción Adagio de la Sexta suena, extrañamente, avinagrada, y un tanto banal el Andante, pero el Allegro moderato conclusivo, más bien lento, lo encuentro muy conseguido. La Octava “Inacabada” (aquí viene numerada como séptima) sigue las normas al uso, pero se halla lejos de tocar fondo, de hacerle justicia (pocas veces se consigue, a decir verdad). Y en cuanto a la Novena, cae en la monotonía, difícil de sortear si no se es un gran creador desde la batuta. El Andante con moto, rapidito, ha sido muy descafeinado y desprovisto de drama, y el scherzo suena algo a ländler. Mejor el finale, salvo la coda, algo desequilibrada como dije.
Para quienes prefieran un Schubert denso, profundo, dramático, el ciclo de Barenboim con la Filarmónica de Berlín (Sony, con sonido bastante mejorado tras su reprocesado) sigue siendo la principal opción (pese a que el primer movimiento de la “Inacabada” no entusiasma). Y para quienes se decanten por un Schubert más ligero, límpido y optimista, tienen una magnífica opción en Colin Davis con la Staatskapelle Dresden (RCA, formidable toma de sonido), aunque flaquea un poco en las dos últimas Sinfonías.
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