Thursday, January 24, 2013

Las 9 Sinfonías de Beethoven por George Szell

 

Hacía tiempo que no me las escuchaba, y ahora he vuelto a hacerlo. Pero, por lo que recordaba, mi opinión no ha cambiado demasiado sobre ellas. Me recuerdan demasiado a Toscanini, aunque me gustan mucho más que las de éste y, además, están mucho mejor tocadas. Pero sí, sus tempi los encuentro casi siempre algo más veloces de la cuenta, los golpes fuertes tienden a ser secos y cortantes, y parece guiarse ante todo por el afán de objetividad (ese afán que, en mi opinión, ha matado muchas interpretaciones beethovenianas, de sinfonías u otras obras. No es que sea malo ser objetivo, claro está, es que cuando prima ese propósito parecen muchas veces olvidarse otros aspectos más importantes, en primer lugar el contenido dramático, psicológico y emocional de la música: su humanismo, en suma). Y el afán de ser objetivo a ultranza -que muchas veces se confunde con el prurito de no añadir nada a las notas de la partitura, cuando ya sabemos que muchos compositores han recalcado que lo más importante no está en las notas, sino entre ellas- y, a la vez, no olvidar el contenido no se alcanza sino raramente (para Friedrich Hertzfeld sería Igor Markevitch un ejemplo de ello), y creo que Szell en Beethoven no lo es (tampoco en sus decepcionantes 5 Conciertos con Gilels, desde luego).
Lo que más me admira de Szell es su claridad y la extraordinaria precisión que logra de la magnífica Orquesta de Cleveland, cuyas cuerdas articulan con una perfección sencillamente asombrosa. No me parece suficiente para ser uno de los grandes ciclos sinfónicos de Beethoven. No hace falta hacer comparaciones, pero me pasa un poco como con algunos pianistas, que tocan muy bien, incluso prodigiosamente bien las Sonatas, pero no por ello me parecen grandes intérpretes de Beethoven.
Otros males (menores) que achaco a este ciclo de Szell es ser un poco trompetero (suenan a menudo demasiado fuerte) y abusar a veces del sonido bronco de las trompas: un punto me gusta, pero sin pasarse. En uno y otro aspecto hay que admitir que Szell se adelantó a algunos directores de instrumentos originales (Harnoncourt, sin ir más lejos. A mí personalmente no me parece un mérito).
Ahora bien, hay que hacer muchas matizaciones: la Primera, muy haydniana, me ha parecido sensacional, una de las más grandes. Sobre la Sexta, la Séptima y la Novena, en cambio, tengo serios reparos: la “Pastoral” me parece inconvenientemente grandota, enfática y hasta altisonante; en la la introducción es muy rápida, el Allegretto pierde su profundidad por lo mismo (estoy convencido de que Beethoven se equivocó con ese tempo: jamás me ha convencido así, y aquí tenemos una prueba fehaciente; como mucho debería ser un andante) y, en cambio, el finale (que tanto se presta a lo orgiástico) da la sensación de ser relativamente moderado tras los tres trepidantes movimientos anteriores.
Y en cuanto a la Novena, me resulta muy insípida, impersonal y hasta superficial; sólo me gusta, y mucho, el scherzo. De los cantantes, poco que admirar: la soprano, una tal Adele Addison, es una pesadilla; muy flojo el barítono Donald Bell, y el tantas veces estupendo tenor Richard Lewis no pasa de correcto. Las grabaciones, de entre 1958 y 1968, son muy buenas para la época (¡bravo por CBS!): destacan, más que por su fidelidad tímbrica, por su transparencia (que no es sólo mérito de la batuta).
(Mis calificaciones: 9,5 para la 1ª, 8 para la 2ª, 8,5 para la 3ª, 9 para la 4ª, 7,5 para la 5ª, 7 para la 6ª, 6 para la , 9 para la y 7 para la ).




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