Desconocía la existencia de este disco de RCA, de 2007, que me temo no haya sido distribuido nunca en España. Cuando me enteré de su existencia, hice lo posible por conseguirlo a través de internet, pues, la verdad, prometía mucho. Me ha defraudado sólo un poco, y sólo en parte. Ahora lo explicaré brevemente.
En mi opinión, las tres bellísimas Sonatas para violín y piano (Opp. 78, 100 y 108) de Brahms constituyen la cima del género junto a algunas de Beethoven (las números 5, 7, 9 y 10) de Beethoven y a la de César Franck. Pues bien, de estas obras magníficas existen numerosas grabaciones, pero casi ninguna moderna que me entusiasme. Y no sé a qué se debe esa extraña dificultad para hacerles plena justicia.
David Oistrakh, insigne intérprete brahmsiano (ahí está su Concierto con Klemperer) dio en el clavo en sus grabaciones con Frida Bauer (la Primera) y Sviatoslav Richter (estas dos últimas, en público), pero son antiguas y suenan bastante regular (Melodiya, comienzo de los 60). Casi tan notables son las de Henryk Szeryng y Arthur Rubinstein (RCA 1961), apreciablemente mejor grabadas.
Las de Pinchas Zukerman y Daniel Barenboim (D.G. 1975) no son todo lo extraordinarias que podía esperarse, sobre todo porque el gran violinista estuvo un poco más melifluo de la cuenta. Itzhak Perlman y Vladimir Ashkenazy nada menos (EMI 1985) tampoco acertaron de lleno, ni Perlman y Barenboim (Sony 1991, en público, que estuvieron también laser disc, pero nunca en DVD), con lo que se cerraban muchas esperanzas de alcanzar interpretaciones modernas de primerísimo orden.
Después, al menos dos versiones importantes pero tampoco plenamente satisfactorias: Pierre Amoyal con Pascal Rogé (Decca 1991) y Kyung-Wha Chung con Peter Frankl (EMI 1997). En este panorama hay que destacar una versión sensacional, aislada, de la Tercera Sonata, por Maxim Vengerov y Barenboim (Teldec 1999). ¡Lástima que no abordasen las otras dos!
Pues bien, Nikolaj Znaider y Yefim Bronfman parecían intérpretes ideales: el primero posee un sonido de una belleza casi sin parangón en décadas (aquí toca el Stradivarius Ex-Liebig, de 1704), una técnica y una afinación infalibles, una extraordinaria musicalidad y una gran intensidad expresiva, y el segundo, una técnica portentosa, un sonido muy adecuado para Brahms y una musicalidad casi siempre muy destacada. Parece, además, que han encontrado plena sintonía entre ellos, con un empaste sonoro muy logrado. Pues a pesar de todo este bagaje, en mi opinión los encuentro un poco apresurados en la Segunda Sonata y en el primer movimiento de la Tercera, con lo que se resiente la fluidez y la naturalidad del discurso, que pierde algo de paladeo, de concentración y de hondura. Con un enfoque generalmente muy lírico, tirando a menudo a femenino (no me parece necesariamente un defecto), ofrecen momentos de una enorme belleza, como el tramo final del “Adagio” de la Primera Sonata, así como la lectura del Scherzo F.A.E. que completa el disco. La grabación es ejemplar. En resumen, una importante aportación a la discografía, que sigue coja, incompleta. ¿Hasta cuándo? Me temo que, en vista de la situación actual del disco, sea por mucho tiempo.
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