Ha llegado a mis manos una filmación, de buena calidad, procedente de la Televisión Cultural Rumana, de una Sinfonía Dante de Liszt interpretada en Bucarest, el 14 de septiembre de 2011, por Daniel Barenboim y la Staatskapelle de Berlín. Una partitura magnífica que rara vez se toca o se graba, y cuyo “olvido” no comprendo. Barenboim ya tenía una grabación, absolutamente impresionante, en Teldec (1994) con la Filarmónica de Berlín.
Ahora ha vuelto a dirigirla, con su Orquesta, en un auditorio moderno que parece tener una acústica estupenda. No difiere gran cosa de aquélla, si bien creo que ha ahondado ahora algún aspecto antes no tan desarrollado. Sobre todo en el 2º mov., “Purgatorio”. En el disco era algo más neutro, el tiempo parecía no discurrir, logrando una curiosa sensación de intemporalidad en el oyente. Ahora, en 2011, hay más sombras y más angustia y zozobra, y también quizá ciertos atisbos de esperanza por vislumbrar el final del túnel (es decir, el “Paraíso”, del que el “Purgatorio” es antesala, si bien Liszt renunció a describirlo, sustituyéndolo por el breve “Magnificat”).
En una y otra, el primer mov., “Infierno”, una especie de colosal poema sinfónico que es una de las más geniales y visionarias páginas orquestales de Liszt (muy admirada, por cierto, por Saint-Saëns o Debussy), es vista por Barenboim de modo bastante similar, si bien la nueva versión puede que sea aún más furiosa, furibunda, áspera y abismal, sin el menor asomo de grandilocuencia. Es una interpretación portentosa, de un fuego alucinante, que no hace sino convencernos más aún de la maravilla que es esta amplia página (y de la clarividencia de este director). Muy bien los coros femeninos (Filarmónico G. Enescu y de la Radio Rumana), situados lejos de la orquesta, en el extremo opuesto del “gallinero”, lo que produce una sensación espacial muy acertada.
Formidable la Staatskapelle berlinesa, de actuación casi tan fenomenal como la Filarmónica de la misma ciudad en el disco. Obligada mención a las arpas, al clarinete bajo, a los trombones y a las violas, verdaderamente extraordinarias.
Es el de Buenos Aires prácticamente el único gran director que tiene en repertorio esta obra (bueno, Giuseppe Sinopoli también la grabó). ¡Qué extraño! ((((Espero impaciente la ingeniosa –y descalificadora, por supuesto– contestación de quien él y yo sabemos... ¡¡¡¡¡¡No me falles, me llevaría un buen chasco!!!!!!))))
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