Monday, October 1, 2012

Daniele Gatti dirige Brahms con la Filarmónica de Viena en Ibermúsica

 
Ibermúsica ha comenzado su temporada con las 4 Sinfonías de Brahms a cargo de la Orquesta Filarmónica de Viena dirigida por Gatti. Director del que no he escuchado mucho, y bastante irregular por cierto. Pues bien: algunas personas de cuyo gusto musical me fío me dijeron que en el concierto del 27 de septiembre la Tercera les pareció espléndida, y realmente magnífica la Primera. Antes del concierto al que asistí, el día 28, me pudieron parecer algo desmesurados esos juicios, pero en la Segunda y la Cuarta pude constatar que no debieron de exagerar, no. Porque ya en la Segunda Gatti dejó clara una especial afinidad y un gran amor hacia Brahms, que sonó cálido, ardiente, amoroso pero también dramático, surgió y se desarrolló con plena naturalidad y sonó bellísimo. Solo el “Allegro con spirito” final bajó un poco el nivel de lo que escuchábamos, por culpa de algún desajuste y de cierta pérdida de transparencia. A destacar el asombrosamente bien tocado solo de trompa al final del primer movimiento: ¡uno de los mejores trompas que haya escuchado jamás en una orquesta!
La Cuarta fue aún superior, en realidad una de las mejores interpretaciones que recuerde, en concierto o en disco, y creo que no exagerar. Además, me gustó particularmente la urgencia, la rabia y la desesperación de la coda conclusiva, sin la menor opulencia o grandilocuencia, esa que empaña –para mi gusto personal– tantas y tantas interpretaciones.
Capítulo aparte es el de la orquesta. Pocos días antes, un amigo me reiteraba por enésima vez que la Filarmónica de Berlín es para él la orquesta de las orquestas. Pues bien, recordándolo durante el concierto, me dije a mí mismo que yo, para esas obras, no la cambiaba por la de la capital alemana. Su especial sonoridad, de una calidez y belleza impar, es además ideal para Brahms y en particular para las Sinfonías pares del hamburgués. Gatti, aparte de ser evidente que gozaba como un enano escuchando cómo sonaban los vieneses, resaltó en el logradísimo empaste la presencia de las trompas, lo que me resulta ideal.
Un gran concierto, de esos que recordaré, de una orquesta maravillosa (¡una de las pocas que sigue conservando su personalidad!) con un director no demasiado conocido, pero capaz a veces de grandes cosas.
(Una anécdota: en el intermedio, un amigo me sopló unos comentarios que acababa de escuchar a varios músicos de la OCNE: “¡pues no es para tanto esta orquesta!”... Comentarios similares a otros que yo mismo había escuchado en otras ocasiones, referidos igualmente a una gran orquesta, muy superior a la de los músicos que lo afirmaban. ¡Típico!)



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