Bel Air ha publicado en DVD y Blu-Ray (este último ofrece una calidad técnica sin precedentes) unas Bodas de Fígaro filmadas en la Ópera de París en octubre y noviembre de 2010 que me han gustado globalmente mucho, casi diría que muchísimo. Aunque ya disponíamos de alguna interpretación de primerísimo orden (ahí está la de Böhm, D.G., con película en estudio de Ponnelle), ésta de Bel Air gana a todas en imagen y en sonido, la interpretación musical es espléndida y, la escénica se sitúa absolutamente a la cabeza de cuanto existe filmado. Así que la recomendación, según las prioridades de cada uno, deben estar claras.
Hace tiempo que me viene llamando la atención el talento de Philippe Jordan (n. Zúrich, 1974, hijo de Armin), no tan conocido como otros jóvenes –Yannick Nézet-Seguin, Andris Nelsons– pero tal vez no mucho menos dotado: ahí están su sensacional Doktor Faust de Busoni o su estupendo Tannhäuser (ambos DVD/Blu-Ray Arthaus). Aquí, con un enfoque absolutamente clásico, a medio camino entre la concepción apolínea de Böhm y el fuego y la teatralidad de Solti, logra en primer lugar una respuesta extraordinaria de la Orquesta (la institución ya le ha nombrado director musical), dando además una –rara hoy– lección de sensatez, y sin la menor tentación de excentricidades creativas, tan al uso también (además de emplear clavecín como continuo, no hay ni rastro de guiños a la marea de los instrumentos originales). La Obertura, por ejemplo, es sencillamente sensacional, como acaso no la haya escuchado mejor nunca (personalísimos y geniales klempereres aparte).
El punto más fuerte de la publicación es, en todo caso, la maravillosa y bellísima puesta en escena, con plena justicia todo un clásico, de Giorgio Strehler (1921-1997), autor también de la excelsa iluminación. Aparte de una soberbia y atentísima dirección de actores (a cargo de Humbert Camerlo), la escenografía de Ezio Frigerio y los trajes de Frigerio y su esposa, Franca Squarciapino, son la guinda del pastel.
Finalmente, el elenco ha sido seleccionado con raro acierto: sin haber cantantes estelares, los principales están más que bien, lo mismo que casi todos los secundarios. Mención especial para Ekaterina Siurina (Susana), Ludovic Tézier (el Conde) y Luca Pisaroni (Fígaro). Muy correcta Karine Deshayes (Cherubino) y con la voz ya un poco tremolante, pero sumamente musical, Barbara Frittoli (la Condesa). A destacar también la espléndida Barbarina de Maria Virginia Savastano, la inteligente y jugosa Marcelina de Ann Murray, e incluso el intachable Bartolo de Robert Lloyd (un cantante que casi nunca me ha gustado, y que aquí está a pedir de boca, también en su difícil aria). En cuanto al Basilio de Robbin Leggate, este tenor británico nunca ha llegado a pronunciar pasablemente el italiano.
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