Herbert von Karajan grabó su primer ciclo de las 9 Sinfonías de Beethoven entre 1951 y 1955, con la Orquesta Philharmonia. Antes, había llevado al disco para la misma compañía las Sinfonías 5ª, 8ª y 9ª con la Filarmónica de Viena.
Nunca he sido un gran entusiasta del Beethoven de Karajan (salvo algunas excepciones), y siempre he lamentado que miles de aficionados tengan en su casa como único ciclo sinfónico beethoveniano cualquiera de los tres que hizo para Deutsche Grammophon (los tres con la Filarmónica de Berlín).
La escucha –por primera vez completa– de estas doce sinfonías me reafirma en ello. En general, se detecta en ellas a un gran director mucho más que a un gran músico. Aun así, comparando mis calificaciones, es posible que, en conjunto, sea, por poca diferencia, el mejor (el menos decepcionante) de sus cuatro ciclos. No voy a entrar a hacer comentariosde todas las versiones, sino sólo a señalar algunos puntos: para ahorrarse un CD, EMI ha hecho verdaderas perrerías, como dividir cuatro de las Sinfonías en dos CDs diferentes y, lo que es colmo, partir el último movimiento de la 9ª de la Filarmónica de Viena de 1947 (9’52” en un CD y los restantes 14’58” en el siguiente). Las dos Novenas son, por cierto, junto a la Sexta, las más flojas de entre las doce: la de Viena cuenta con una maravillosa Elisabeth Schwarzkopf, un grandísimo Hans Hotter y un insufrible Julius Patzak (y en su intervención solo, los platillazos están totalmente salidos de madre, hasta lo insufrible). En la de la Philharmonia, de nuevo con el Coro de la Wiener Singverein (¡han mejorado mucho los grandes coros desde entonces!), el primer movimiento está bajo mínimos y la Schwarzkopf vuelve a estar maravillosa, ¡y nada apurada!
Tampoco en su primer registro se le dio bien, ni mucho menos, la “Pastoral”, la sinfonía beethoveniana que peor ha solido dirigir Karajan; aun así, es posible que sea mejor que sus tres siguientes grabaciones. Lo más notable del álbum son quizá la Octava (que baja un poco en el finale) y la Obertura de Coriolano, por no hablar de la interpretación más extraordinaria que he escuchado hasta la fecha del aria de concierto Ah! perfido, con una Schwarzkopf verdaderamente sensacional y un Karajan casi a su nivel. El aria de Fidelio, “Abscheulicher!” (grabadas ambas en 1954), en cambio, le viene muy grande a la soprano, a la que le falta por todos lados dramatismo (vocal, sobre todo).
Señalar, por último, que la Philharmonia tenía, ya en aquellos años, en mi opinión, un viento (madera y metal) que en nada tenía que envidiar a los de cualquier orquesta europea o americana, por no decir que no tenía parangón.
Como las grabaciones, monoaurales, son técnicamente malillas (EMI no solía ser la compañía que mejor grababa por aquellos años), el álbum, la verdad, no me parece en conjunto recomendable más que a quien quiera conocer a fondo la trayectoria del famoso (y, en otros repertorios, grandísimo) director. Eso sí, si pueden, busquen ese Ah! perfido, que está también en algún otro acoplamiento.
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